Tuesday, August 07, 2007

Pedir, Buscar, Llamar

En las primeras comunidades cristianas se recordaban unas palabras de Jesús dirigidas a sus seguidores en las que les indica en qué actitud han de vivir: «Os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre».

No se dice qué pedir, qué buscar ni adónde llamar. Lo importante es la actitud de vivir pidiendo, buscando y llamando. Como un poco más tarde, Lucas dice que el Padre «dará su Espíritu Santo a los que se lo piden», parece que lo primero que hay que pedir, buscar y llamar es el Espíritu Santo de Dios.

«Pedid y se os dará». En la Iglesia se planifica, se organiza y se trabaja buscando eficacia y rendimiento. Pero, con frecuencia, sólo contamos con nuestro esfuerzo. No hay sitio para el Espíritu. Ni lo pedimos ni lo recibimos.

Pedimos vocaciones sacerdotales y religiosas pensando que es lo que más necesitamos para que la Iglesia siga funcionando, pero no pedimos vocaciones de profetas, llenos del Espíritu de Dios, que promuevan la conversión al evangelio.

«Buscad y hallaréis». Con frecuencia, no sabemos buscar más allá de nuestro pasado. Nos da miedo abrir nuevos caminos. No nos atrevemos a dar por terminado lo que ya no genera vida y ahogamos nuestra creatividad para iniciar algo realmente nuevo y bueno.

Sin buscadores es difícil que la Iglesia encuentre caminos para evangelizar el mundo de hoy. Mientras tanto, los jóvenes tienen derecho a saber si en la Iglesia nos preocupamos de su futuro y del mundo nuevo en el que van a tener que vivir.

«Llamad y se os abrirá». Si nadie llama al Espíritu, no se nos abrirán nuevas puertas. Defenderemos el presente con todas nuestras fuerzas. Tendremos miedo a los cambios pues si este presente se nos viene abajo, no hay nada más. Nos falta fe en el Espíritu creador de nueva vida.

Construiremos una Iglesia segura, defendida de peligros y amenazas, pero será una Iglesia sin alegría y sin aire, porque nos faltará el Espíritu Santo de Dios.

Fuente: Ecclesalia

Friday, August 03, 2007

Dios no Se Equivoca

Esta historia me llega de parte de mi hermano Erick Barinas. La consideré muy aleccionadora por lo que la comparto aquí con todos.

Hace mucho tiempo, en un reino distante, un monarca no creía en la bondad de Dios. Tenía, sin embargo, un súbdito que siempre le recordaba acerca de esa verdad. En todas las situaciones decía: ¡Rey mío, no se desanime, porque todo lo que Dios hace es perfecto. El nunca se equivoca!

Un día el rey salió a cazar junto con su súbdito, y una fiera de la jungla le atacó.

El súbdito consiguió matar al animal, pero no evitó que Su Majestad perdiese el dedo meñique de la mano derecha. El rey, furioso por lo que había ocurrido, y sin mostrar agradecimiento por los esfuerzos de su siervo para salvarle la vida, le preguntó a este:

Y ahora, ¿qué me dices? ¿Dios es bueno? Si Dios fuese bueno yo no hubiera sido

atacado, y no hubiera perdido mi dedo.

El siervo respondió:

Rey mío, a pesar de todas esas cosas, solamente puedo decirle que Dios es bueno, y que quizás eso, perder un dedo, sea para su bien. Todo lo que Dios hace es perfecto. ¡El nunca se equivoca!

El rey, indignado con la respuesta del súbdito, mandó que fuese preso a la celda más oscura y más fétida del calabozo. Después de algún tiempo, el rey salió nuevamente para cazar, y fue atacado, esta vez, por una tribu de indios que vivían en la selva. Estos indios eran temidos por todos, pues se sabía que hacían sacrificios humanos para sus dioses.

Inmediatamente después que capturaron al rey, comenzaron a preparar, llenos de júbilo, el ritual del sacrificio. Cuando ya tenían todo listo, y el rey estaba delante del altar, el sacerdote indígena, al examinar a la víctima, observó furioso:

¡Este hombre no puede ser sacrificado, pues es defectuoso! ¡Le falta un dedo!

Luego, el rey fue liberado. Al volver al palacio, muy alegre y aliviado, liberó a su súbdito y pidió que fuera a su presencia. Al ver a su siervo, le abrazó afectuosamente diciendo:

¡Querido siervo, Dios fue realmente bueno conmigo! Tú debes haberte enterado que escapé justamente porque no tenía uno de mis dedos. Pero ahora tengo una gran duda en mi corazón: si Dios es tan bueno, ¿por qué permitió que estuvieses preso, que tanto lo defendiste? El siervo sonrió, y dijo:

Rey mío, si yo hubiera estado junto con usted en esa caza, seguramente habría sido sacrificado en su lugar, ¡ya que no me falta ningún dedo! Por lo tanto, acuérdese siempre: ¡todo lo que Dios hace es perfecto, él nunca se equivoca!

Romanos 8:28

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien,

Romanos 10:11

Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Thursday, August 02, 2007

Un Dios que Llora

Las imágenes de Dios dominantes en las religiones actuales nacieron, en su gran mayoría, en el cuadro de la cultura patriarcal. Es un Dios Señor del cielo y de la Tierra, que dispone de todos los poderes, justiciero y Padre severo. Antes, bajo la cultura matriarcal, confirmada hoy como una de las fases de la historia humana, vigente hace unos veinte mil años atrás, la imagen de Dios era femenina, la de la Grande Madre, la Madre de los mil senos, generadora de toda vida. Produjo una cultura más en armonía con la naturaleza y profundamente espiritual.

Nuestro inconsciente, que es personal y colectivo, guarda en forma de arquetipos y de grandes sueños estas experiencias hechas bajo estas dos formas de organizar la convivencia humana, bajo la figura del padre y bajo la figura de la madre. Ellas están presentes en nosotros y las exteriorizamos siempre a través del imaginario, del arte, de la música y de símbolos de todo orden.

Pero hay otra imagen, presente en la historia de las religiones y también en la tradición judeocristiana: habla del Dios que se hace niño, que no juzga sino que camina con nosotros, un Dios que llora por la muerte de su amigo, que siente pavor ante la muerte próxima y que finalmente muere gritando en la cruz. Varios místicos cristianos se refieren al Dios que sufre con los que sufren y que llora por los que mueren. Juliana de Norwich, gran mística inglesa (+1413), vio la conexión existente entre la pasión de Cristo y la pasión del mundo. En una de sus visiones dice: «Entonces vi lo que a mi entender era una gran unión entre Cristo y nosotros, pues cuando él padecía, padecíamos también. Y todas las criaturas que podían sufrir, sufrían con él». William Bowling, otro místico del siglo XVII, concretaba todavía más diciendo: «Cristo vertió su sangre tanto por las vacas y por los caballos como por nosotros los humanos». Es la dimensión transpersonal y cósmica de la redención.

Profesar, como se hace en el credo cristiano, que Cristo descendió a los infiernos, significa expresar existencialmente que él no temió experimentar el desamparo humano y la última soledad de la muerte.

Un gran biblista italiano recientemente fallecido, G. Barbaglio, en su ultimo libro sobre el Dios bíblico, amor y violencia, refiere un midrash judaico (un relato) sobre el llanto de Dios. Cuando vio que los jinetes egipcios con sus caballos eran tragados por las olas, después de haber pasado sin peligro todo el pueblo de Israel, Dios no se contuvo. ¿No eran también los egipcios sus hijos queridos y no sólo los de Abrahán y de Jacob?

Es rica la tradición bíblica que habla de la misericordia de Dios. En hebreo misericordia significa tener entrañas de madre y sentir en profundidad, muy dentro del corazón. El Salmo 103 es ejemplar en esto al afirmar que «Dios tiene compasión, es clemente y rico en misericordia; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. Como un padre siente compasión por sus hijos, porque conoce nuestra naturaleza y se acuerda de que somos polvo; su misericordia es desde siempre y para siempre». ¿Habrá palabras más consoladoras que éstas para los tiempos malos que vivimos?

Es sobre este trasfondo como debe ser entendida la resurrección de Cristo. Si la resurrección no fuera la resurrección del Crucificado, y con él la de todos los crucificados de la historia, sería un mito más de exaltación vitalista de la vida y no respuesta al drama del sufrimiento que él comparte y supera. Así, la jovialidad y el triunfo de la vida tienen la última palabra. Éste es el sentido de la utopía cristiana.

Otro artículo sin desperdicios de Leonardo Boff.

Tuesday, July 24, 2007

Quedan los Pobres y Dios

Semejante afirmación muchas veces es tomada como radical por diversos sectores de nuestra Iglesia, a los cuáles les es mas lícito tapar la vista y no mirar los caminos que toma la historia, para así continuar viviendo de una manera cómoda de los beneficios que tienen actualmente.

Se nos incita a conformarnos con lo que hay, a entender que “eso siempre será así mi hijo, no hay forma de cambiarlo”, a pretender que la Iglesia no debe inmiscuirse en cuestiones que a muchos les parecen políticas, pero que a otros nos parecen la natural forma de actuar de aquellos que hemos sido llamados por Jesús a continuar su camino liberador a “predicar el evangelio a los pobres; a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar a los cautivos su libertad, a los ciegos la vista; y a proclamar el año de gracia del Señor”.

Que más mandato que este del Señor, que nos envía a “proclamar la Buena Noticia” a todos los confines de la tierra. Y que más Buena Noticia, que decirle a los débiles que podemos luchar contra los sistemas, las inequidades, y todas las actitudes que permiten que en la creación de Dios, persistan injusticias, abusos, explotaciones ... que el hombre siga todavía a esta altura del juego sirviéndose de su hermano para enriquecerse.

Recordemos que significaba en la tradición hebrea el año de gracia del Señor al que se refiere Jesús, que era un año, el 7mo cada período, donde las deudas eran perdonadas, los esclavos liberados y se empezaba todo desde cero. (Deut 15, 1-6)

Ya Juan el Bautista también nos daba una recomendación, “el que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene de comer, haga lo mismo” o sea que la solidaridad con el pobre, con el que no tiene, con el oprimido debe ser la máxima de vida de todos los que nos consideramos seguidores del Reinado de Dios.

Monseñor Pedro Casaldáliga nos lo dice convencido totalmente de esto: “La Opción por los Pobres sigue siendo la opción por los pobres, textualmente. Quiero decir: sigue siendo una conciencia de que los pobres son la opción del mismo Dios, el Dios de Jesús. La biblia entera, y, sobre todo, la palabra, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, nos confirman en esta conciencia teológica, teologal, de que Dios optó, opta y seguirá optando por los pobres, sus hijos -mayoría- prohibidos de ser plenamente humanos, por sistemas de prepotencia y de marginación.”

Luchemos pues para ayudar a liberar a nuestros hermanos de las ataduras que impiden a unos ver la voluntad de Dios, y a otros gozar de la plena participación en el Reinado de Dios.

Monday, July 23, 2007

Y Cristo Lloró en los Jardines del Vaticano

Andando por la red, allí donde crece una Iglesia pobre y liberadora, leí de un popular teólogo, censurado varias veces y buen conocedor de la lectura popular de la Biblia, la siguiente visión, que él aseguraba era verdadera.

Iba un día camino del centro comunitario cuando se vio trasportado, no sé si en sueño o en espíritu, a los jardines del Vaticano. De repente vio a un papa -no era ninguno de los conocidos- todo de blanco, rodeado por sus principales cardenales consejeros. Hacían el habitual paseo después del almuerzo, caminando por los jardines en flor del Vaticano. De pronto, el Papa vislumbró, a unos pocos metros de distancia, la figura del Maestro. Éste siempre aparece disfrazado, unas veces como jardinero, otras como caminante que va hacia Emaús. Pero el sucesor de Pedro, apartándose del grupo de cardenales, con fino tacto, identificó al instante al Resucitado. Se arrodilló y quiso pronunciar la profesión que hizo a Pedro ser la piedra sobre la cual se construye la Iglesia (\"Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo\") cuando fue atajado por Jesús. Mirando el palacio del Vaticano a lo lejos y la silueta de los edificios de la Santa Sede, Jesús con voz entristecida dijo: «No te bendigo, Simón, hijo de Jonás y sucesor de Pedro, porque todo esto no fue inspirado por mi Padre que está en los cielos sino por la carne y por la sangre. A ti te digo que no fue sobre estas piedras que edifiqué mi Iglesia, porque temía que así las puertas del infierno pudiesen prevalecer contra ella».

El Papa se quedó perplejo y dirigió su mirada al rostro de Jesús. Vio que caían furtivamente dos lágrimas de sus ojos. Se acordó de Pedro que lo había traicionado tres veces y que, arrepentido, lloró amargamente. Quiso articular alguna palabra, pero ésta murió en su garganta. Él también empezó a llorar. En esto el Señor desapareció.

Los cardenales oyeron las palabras del Maestro y se apresuraron a asistir al Papa. Entonces éste les dijo con gran severidad: «Hermanos, el Señor me abrió los ojos. Por eso, las cosas no pueden quedar así. Ayúdenme a realizar la voluntad del Señor».

El Cardenal Camarlengo, el más anciano de todos, afirmó: «Santidad, sí, vamos a hacer algo para seguir a Jesús y la tradición de los Apóstoles. Mañana reuniremos a todo el colegio cardenalicio presente en Roma e, invocando al Espíritu Santo, decidiremos cómo proceder, conforme a las palabras del Señor».

Todos se alejaron pesarosos, mientras les venían a la memoria aquellas escenas del Nuevo Testamento que se refieren a Jesús llorando sobre la ciudad santa que mataba a sus profetas y apedreaba a los enviados de Dios, y que se negaba a reunir a sus hijos e hijas como la gallina recoge a sus polluelos bajo sus alas.

Algunos, sin embargo, comentaban: «hermanos, seamos realistas y prudentes, pues nos toca vivir en este mundo que ayudamos a construir. ¿Podemos negar nuestra historia? Pero veamos lo que el Espíritu nos inspira».

Al día siguiente, cuando los cardenales se dirigían a la sala del consistorio, graves y cabizbajos, el secretario del Papa vino corriendo y les comunicó casi a gritos: «El Papa ha muerto».

Se celebraron los funerales con la pompa que acostumbran los cardenales, con sus vestimentas brillantes y llenas de color, venidos de todas partes del mundo. Una semana después sepultaron al Papa.

Y nadie se acordó nunca más de las palabras que el Señor había dicho.

Friday, July 13, 2007

Dos Consignas de Jesús

Después de veinte siglos de cristianismo es difícil escuchar con honradez las instrucciones de Jesús a los suyos sin sentir un poco de vergüenza por nuestro comportamiento. No se trata de vivirlas al pie de la letra. No. Simplemente de no actuar contra el espíritu que encierran. Hoy sólo nos detendremos en dos consignas.


Jesús envía a sus discípulos por las aldeas de Galilea como «corderos en medio de lobos». ¿Quién cree que ésta ha de ser hoy nuestra identidad en una sociedad atravesada por toda clase de conflictos y enfrentamientos? Y, sin embargo, entre nosotros no necesitamos más lobos, sino más corderos. Cada vez que desde la Iglesia o su entorno se alimenta la agresividad y el resentimiento o se lanzan insultos y ataques que hacen más difícil el mutuo entendimiento, estamos actuando contra el espíritu de Jesús.


Lo «primero» que han de comunicar sus discípulos al entrar en una casa es «Paz a esta casa». La paz es la primera señal del reino de Dios. Si la Iglesia no introduce paz en la convivencia, los cristianos estamos anulando de raíz nuestra primera misión.


La otra consigna es más desconcertante: «No llevaréis talega ni alforja ni sandalias». Los seguidores de Jesús vivirán como los vagabundos que encuentren en el camino. No llevarán dinero ni provisiones. Caminarán descalzos como tantos pobres que no tienen un par de «sandalias» de cuero. No llevarán siquiera una «alforja» como hacen ciertos filósofos itinerantes.


Todos podrán ver plasmada en su manera de vestir y de equiparse su pasión por los últimos. Lo sorprendente es que Jesús no está pensando en lo que deben llevar consigo, sino precisamente en lo contrario: en lo que no deben llevar; no sea que se distancien demasiado de los más pobres.

¿Cómo se puede traducir hoy este espíritu de Jesús en una sociedad del bienestar? No ciertamente recurriendo a un atuendo que nos identifique como miembros de una asociación religiosa o responsables de un cargo o tarea en la Iglesia. Cada uno hemos de revisar con humildad qué nivel de vida, qué comportamientos, qué palabra, qué actitud nos identifican con los últimos.

Friday, July 06, 2007

Su Santidad, le Invito a RD para que Vea

El Papa Benedicto XVI dijo ayer que en República Dominicana se trata con caridad y solidaridad a los Haitianos que vienen a nuestro país a trabajar. Personalmente quiero invitar a Su Santidad a que se dé una vueltecita por algunos de los bateyes donde trabajan esas almas, desplazadas por la miseria que viven de aquel lado de la frontera. Aunque no creo que exista esclavitud, pues una cosa es ser esclavo, maltratado y odiado como algunos han querido hacer ver, y otra es, que no se puede negar que la miseria y la exclusión en esos bateyes son inmensas. Entonces Su Santidad, con el “respeto y perdone“, le vendría bien un viajecito a República Dominicana para que en carne propia vea como es que la gente pasa trabajo en esos lugares, y por favor Su Santidad, no se acostumbre a la comodidad del arzobispado porque desgraciadamente, no todos los barrios y lugares de nuestro país son así, como no todos los lugares del mundo son tan cómodos como el vaticano. Perdone usted si le hiero un poco con esto, pero como usted dice que nosotros los latinos que creemos en una Iglesia comprometida con los pobres y excluidos, de los que forman parte esos haitianos en nuestro país, no hemos entendido el evangelio, cuando esté en uno de esos bateyes, donde por cierto también hay dominicanos, piense un poco y díganos que usted cree que haría Jesús ante la situación que se vive en esos lugares. ¿Cuáles serían las palabras que Nuestro Señor usaría para definir la situación? ¿Cuál sería su actitud? Piénselo hermano Benedicto, su alta investidura le faculta para ser nuestro guía, por eso debe usted dar una buena idea a todos los que profesamos la fe católica sobre los problemas del mundo. Así sea

Monday, July 02, 2007

Para Ver a Dios

Canto Indígena cherokee - Traducida y adaptada del Libro By San Etioy).

Un hombre susurró: "Dios, habla conmigo".
Y un Ruiseñor comenzó a cantar.
Pero el hombre no oyó. El hombre repitió: "Dios, habla conmigo".
Y el eco de un Trueno se oyó. Más el hombre fue incapaz de oír. El hombre miró alrededor y dijo: "Dios, déjame verte".
Una Estrella brilló en el cielo. Pero el hombre no la vio. El hombre comenzó a gritar: "Dios, muéstrame un milagro". Un Niño nació. Mas el hombre no sintió el latir de la vida. El hombre comenzó a llorar y a desesperarse: "Dios, tócame y déjame saber que estás aquí conmigo…".
Y una Mariposa se posó suavemente en su hombro.
El hombre espantó la mariposa con la mano y desilusionado Continuó su camino, triste, solo y con miedo.

¿Hasta cuando mantendremos nuestros ojos y nuestros corazones cerrados, para los milagros de la vida, que la vida nos presenta en todo momento?

Friday, June 29, 2007

Maestro, Que Pueda Ver !!

Fue la única respuesta de Bartimeo, frente a la pregunta de Jesús, ¿qué quieres que haga por ti?

Tal vez hoy, sea ése el ruego de mucha, muchísima gente, que como el ciego, grita en silencio, conciente o no de una ceguera que en este momento de la historia, ya no puede o no debe existir.


Durante muchos siglos la Palabra fue propiedad privada de "los elegidos". Los sencillos," los comunes ", las grandes multitudes que formamos el Pueblo de Dios, no accedimos a ella, y cuando reflexiono sobre el por qué, tengo una muy fea sospecha, "Cuidado con esa semilla, que puede germinar".


En este momento de la historia, donde hasta el niño de ocho años, conoce cuando sus derechos son pisoteados, porque en la escuela, sus maestros se los enseñan, ya no podemos ni queremos permanecer ciegos, no nos alcanza con escuchar la Palabra pasivamente en la misa, ni escuchar sólo el comentario que hace de ella el celebrante. Eso es sólo una parte, que ayuda, sí, pero no es todo, porque mil celebrantes, mil interpretaciones diferentes. Nosotros, los laicos, los que trabajamos en nuestras parroquias porque queremos el Reino, ya, desde aquí y ahora, los que ni siquiera podemos leer el Evangelio en las misas, somos seres pensantes, reflexivos, (no sabremos latín, pero sí sabemos leer, proclamar, expresar, saborear las palabras) muy capaces de interpretar el mensaje de Dios y ponerlo en práctica, porque también somos elegidos por Él, amamos a Jesús y recibimos su amor permanentemente.


¿Es necesario que esto se diga?, pues sí, es muy necesario, porque hay momentos, muchísimos, en que parece que somos transparentes. Nosotros no queremos el poder, no ambicionamos ocupar ningún lugar especial, porque Dios nos llamó para otra tarea, para formar su Reino desde nuestros trabajos, nuestras familias, nuestros amigos, pero sí queremos ayudar y ayudar es también participar, opinar, construir también con nuestras voces de gente de la calle, con formación de vida, formación de Dios.


Hoy, estamos aún afuera, sabiendo que Jesús nos mueve, nos inspira, nos exige amorosamente.

Como Bartimeo, pedimos la luz para nuestros ojos, Él nos cura, lo vemos, lo reconocemos, sabemos cuándo es su voz la que nos guía, ¿entonces?, ¿qué nos impide ir también formando el camino?, ¿tenemos que seguir, como ciegos, siendo tantos, siguiendo el camino que poquitos van trazando? ¿No será que entre muchos, entre todos y con todos, podremos hacer la tarea mejor? Más aún en mi país, donde si nos subiéramos a una montaña, podríamos ver el rostro de cada uno.

Sembrar la Semilla del Reino

Echar la semilla, sembrarla… es ponerse enteramente ante Dios, exponerse a colaborar en su plan de construcción del Reino. No tenemos, ni planes de diseño ni planos del proyecto. Pensamos que floreceremos como rosas, margaritas, naranjas o plátanos según “nuestro” plan y “nuestros” esquemas, y al final puede que la planta resulte trigo, maíz, caña de azúcar, algodón o papa… ¡qué más da!


Cada uno será la planta que esté llamada a ser porque lo que importa no es qué quiero sino lo que Dios quiere que yo quiera, en libertad y confianza. La paz interior llega al descubrir la opción vocacional y, aún sintiendo extrañeza, se ve que no podría ser de otra manera.

Hay un camino que es la vida entera, para ir desmontando la imagen de lo que creemos ser, dejando a un lado lo que soñamos ser, hasta llegar a lo que estamos llamados a ser. Quiero compartir un sabio consejo por si a alguien puede servirle como a mí me sirvió: “Es más importante sembrar la semilla que preocuparnos por ver si tenemos o no los colores de la planta que resultará al final. Plantemos y reguemos que el Señor hará crecer”.

Sembrémonos como pequeñas semillas para la construcción del Reino y cedamos el control… ese que creemos tener.

Monday, June 18, 2007

La Teología Revolucionaria de San Romero de América

Otro artículo del Sacerdote Luis Barrios. Sin desperdicios !!

Durante esta semana pasada estuve discutiendo con un grupo de estudiantes la posibilidad de poder construir un mundo diferente, en donde podamos garantizar la paz con justicia. Esto como una alternativa al desastre político, económico, social y espiritual que el gobierno terrorista del presidente George W. Bush sigue repartiendo por todo el mundo. En un consenso colectivo llegamos a la conclusión que es posible ese proyecto.

Asimismo, discutimos la manera en que nuestra fe también puede ser una motivación positiva para lograr un despertar de la conciencia crítica y de clase del pueblo, organizarles y movilizarles hacia la construcción de esa realidad. Dentro de esta discusión fue que discutimos los aportes de la teología revolucionaria de nuestro Monseñor Oscar Romero, para nosotros; San Romero de Las Américas.

¿Cuáles son entonces algunos aportes de la teología revolucionaria de San Romero de Las Américas? Por un lado San Romero se atrevió a decir lo que la mayoría de los líderes religiosos o políticos no se atreven a decir: “Yo tengo que escuchar qué dice el Espíritu por medio de su pueblo y, entonces, sí, recibir del pueblo y analizarlo y junto con el pueblo hacerlo construcción de la Iglesia”.

O sea, el pueblo es por un lado el termómetro que nos dice la temperatura y por otro lado el termostato que va a regular esa temperatura. Estar con el pueblo debe de dejar como resultado nuestra humanización. De aquí el que San Romero fundamentó su ministerio en el principio que “antes de ser un cristiano tenemos que ser muy humanos…” De hecho, nuestra espiritualidad se proyecta a través de nuestra humanidad. O sea, mientras más humanos somos, mayor nuestra espiritualidad. La humanidad de San Romero lo convirtió en un santo. No fue la manera de morir sino la manera como vivió lo que le canonizó.

En esta teología revolucionaria San Romero dejó claro que “quien se preocupa de la persona que tiene hambre, que está desnuda, de la gente pobre, de las personas desaparecidas, de quienes están en prisiones, de toda esa carne que sufre, tiene cerca a Dios”. Con esto por supuesto también estaba diciendo a la misma vez quienes eran las personas que con sus prácticas malignas estaban lejos de Dios. Por eso también nos dijo “que no hay pecado mas diabólico que quitarle el pan al que tiene hambre”. De aquí su invitación a desarrollar un ministerio en donde tomemos responsabilidad contra las injusticias de nuestra sociedad entendiendo que Dios no creó las mismas sino mas bien la repartición desigual de la creación de nuestra Diosa en donde un poco gente acumuló un montón de riquezas y mucha gente no tiene nada. De frente a estas injusticias que hemos creado San Romero nos alerta de no cometer el error de pedirle a Dios que nos resuelva los problemas terrenales que nos corresponden a nosotros eliminar. De lo contrario dice él, “eso es vagancia”.

Asimismo, en esta teología revolucionaria se hace necesario el rescate de nuestras instituciones educativas, religiosas, políticas, culturales, etc., para que se conviertan en instrumentos de liberación. También se hace necesario el que podamos combatir la teología burguesa—entiéndase la manera de pensar, sentir y de hacer las cosas como el grupo que domina quiere—la cual tiene como intención de funcionar como instrumento de control que garantice la estabilidad y protección de los intereses de la clase y los grupos dominante.

También en el rescate de nuestras instituciones con esta teología revolucionaria de San Romero debemos de entender que una Iglesia narcotizada del mismo modo persigue el atosigarnos para que no pensemos, y aun peor, no percibamos, la manera en que estamos siendo oprimidos, explotados y excluidos. De aquí entonces la necesidad de que esa teología que San Romero nos enseñó siga siendo conspiradora. Por supuesto, no debemos olvidar que la misma requiere como antesala la capacidad de la conciencia auto-crítica. Que no se nos olvide, toda revolución—asi es una verdadera revolución— comienza conmigo, porque yo solo puedo dar lo que tengo. Luego tú y yo nos enlazamos y ya somos dos que hemos salido en la búsqueda del efecto multiplicador.

Anticristos Dominicanos

Un artículo de Luis Barrios tomado por el Diario Online La Prensa. Lo reproduzco aquí por considerarlo de interés para los que esperamos una sociedad más justa y solidaria.

Acabo de llegar de mi segunda patria, la República Dominicana, la tierra de Mamá Tingó y de María Trinidad Sánchez. Mi salida se dio unos días después que el compatriota puertorriqueño José Luis de Jesús Miranda, quien por un lado se autoproclama como el ‘Anticristo’ y por otro lado se hace llamar Jesucristo Hombre, hiciese su entrada poco triunfal en Santo Domingo.

Como era de esperarse, los guardianes morales de la patria salieron al ataque no solo condenando al señor Miranda, sino también negándole los espacios públicos que una democracia debe de garantizar para la disidencia. Curiosamente, la excusa principal fue que su prédica era contraria a la de la Iglesia por lo tanto había que declararle un anatema condenando a su vez su movimiento de religiosidad popular denominado, Creciendo en Gracia.

Fue interesante escuchar y ver los gestos de coraje por parte del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien calificó a José Luis de Jesús Miranda de "charlatán, miserable y pecador". Y por supuesto, muy enérgicamente, con su estilo arbitrario y autoritario que lo caracteriza, solicitó que se le expulsase del país. De aquí el que tanto la Universidad Autónoma de Santo Domingo como la administración del hotel Intercontinental V Centenario, no le permitieran celebrar una actividad con su seguidores.

Ahora bien, ¿qué es esto del Anticristo? Una ligera mirada a la Biblia nos puede ayudar a entender que el Anticristo es considerado como un impostor quien en nombre de Jesús proclama enseñanzas contrarias al Evangelio. En teología fundamentalista y dogmática, este Anticristo, junto con Lucifer y al Falso Profeta, establecerá una dictadura mundial. Algo parecido a lo que la trilogía endiablada de George W. Bush, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional están haciendo. Por su puesto, estos símbolos metafóricos de la Biblia —como el Anticristo— deben de ser evaluados críticamente también a la luz de los métodos literarios, históricos y sociológicos y no en el contexto literal.

En resumidas cuentas lo que distingue al Anticristo es que su mensaje es contrario al mensaje subversivo del Evangelio el hermano y compañero Jesús. De aquí el que me tome la libertad de identificar a los Anticristos que promueven otro tipo de Evangelio. Por ejemplo, tomemos en consideración al Anticristo de la economía neoliberal dominicana, en donde con el modelo capitalista la producción y acumulación de dinero es mucho más importante que la gente. ¿Por qué el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez no mete su mano en este asunto? Porque él es parte de ese grupúsculo de Anticristos dominicanos que se han nutrido explotando al pueblo.

Véalo de esta manera. Primero, el nuevo Plan Estratégico para la República Dominicana está basado en cinco temas comunes: reducción de la pobreza, sociedad civil, reforma de políticas, gobernabilidad local y alianzas estratégicas. En papel esto suena muy bien. Segundo, una verdad a medias es una mentira. Me explico. Es cierto que durante la administración del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con su presidente Leonel Fernández, en comparación con la administración pasada del Partido de Revolucionario Dominicano (PRD) e Hipólito Mejía, el país ha logrado algunas mejoras muy en la educación, nutrición y salud. Sin embargo, este supuesto progreso está por debajo del nivel que corresponde al ingreso del país. En la actualidad la canasta familiar tiene un costo de $18,000 pesos, mientras que los salarios promedios de los trabajadores están por los $3,000 pesos. Esto es contrario al Evangelio.

Por otro lado, la realidad dominicana es que no hay protección social, se carece de servicios sociales básicos, los gastos públicos tienen unas prioridades para otorgar contratos a contratistas que están haciendo regalías millonarias las cuales se canalizan a través de Organizaciones no Gubernamentales (ONG) como por ejemplo, la que preside Leonel Fernández, la Fundación Global Democracia y Desarrollo. De la misma manera, los servicios de agua y luz son un lujo y privilegio.

Mientras tanto, Leonel Fernández, tercamente, se ha lanzado a la tarea de construir un metro (subway o tren) gastando millones de pesos y el país no tiene hospitales, medicinas, escuelas, libros, agua, luz, comida y el pueblo desesperadamente ve como opción el tener que inmigrar hacia Estados Unidos o Europa ya sea con visas, papeles falsos o en yolas. Esto es contrario al Evangelio. En la paz con justicia destruyamos los Anticristos.

Tuesday, June 12, 2007

Para Pensar en cada Eucaristía

Cada vez que celebramos la eucaristía dominical no basta con seguir las normas prescritas o pronunciar las palabras obligadas. No basta tampoco cantar, santiguarse o darnos la paz en el momento adecuado. Es muy fácil asistir a misa y no celebrar nada en el corazón; oír las lecturas correspondientes y no escuchar la voz de Dios; comulgar piadosamente sin comulgar con Cristo; darnos la paz sin reconciliarnos con nadie. ¿Cómo vivir la misa del domingo como una experiencia que renueve y fortalezca nuestra fe?


Para empezar, es necesario escuchar desde dentro con atención y alegría la Palabra de Dios y, en concreto, el evangelio de Jesús. Durante la semana hemos visto la televisión, hemos escuchado la radio y hemos leído la prensa. Vivimos aturdidos por toda clase de mensajes, voces, ruidos, noticias, información y publicidad. Necesitamos escuchar otra voz diferente que nos cure por dentro.


Es un respiro escuchar las palabras directas y sencillas de Jesús. Traen verdad a nuestra vida. Nos liberan de engaños, miedos y egoísmos que nos hacen daño. Nos enseñan a vivir con más sencillez y dignidad, con más sentido y esperanza. Es una suerte hacer el recorrido de la vida guiados cada domingo por la luz del evangelio.


La plegaria eucarística constituye el momento central. No nos podemos distraer. «Levantamos el corazón» para dar gracias a Dios. Es bueno, es justo y necesario agradecer a Dios por la vida, por la creación entera, por el regalo que es Jesucristo. La vida no es sólo trabajo, esfuerzo y agitación. Es también celebración, acción de gracias y alabanza a Dios. Es un respiro reunirnos cada domingo para sentir la vida como regalo y dar gracias al Creador.


La comunión con Cristo es decisiva. Es el momento de acoger a Jesús en nuestra vida para experimentarlo en nosotros, para identificarnos con él y para dejarnos trabajar, consolar y fortalecer por su Espíritu.


Todo esto no lo vivimos encerrados en nuestro pequeño mundo. Cantamos juntos el Padrenuestro sintiéndonos hermanos de todos. Le pedimos que a nadie le falte el pan ni el perdón. Nos damos la paz y la buscamos para todos.

Monday, May 28, 2007

Carta Abierta a Benedicto XVI

Carta abierta a mi hermano Benedicto XVI
Claude Lacaille, Prêtre des Missions-Étrangères, Trois-Rivières, 16 de mayo de 2007
Original en frances:
http://www.ledevoir.com/2007/05/16/143634.html

Traducción de Marcela Villalobos Cid

Te escribo esta carta porque necesito comunicarme con el pastor de la Iglesia católica y no existe otro canal de comunicación para encontrarte. Me dirijo a tí como un hermano en la fe y en el sacerdocio, puesto que hemos recibido de manera común la misión de anunciar el Evangelio de Jesús a todas las naciones.

Soy sacerdote misionero quebequense desde hace 45 años; me comprometí con entusiasmo y al servicio del Señor en la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. Fui llevado a un trabajo cercano en medios particularmente pobres : en el barrio de Bolosse en Puerto Príncipe durante François Duvalier, entre los Quechuas de Ecuador y finalmente en un barrio obrero en Santiago de Chile durante la dictadura de Pinochet.

Cuando hacíamos la lectura del Evangelio de Jesús, durante mis estudios en secundaria, me impresionaba la multitud de pobres y cojos de la vida que acompañaban a Jesús; sin embargo, los numerosos padres que nos acompañaban en ese colegio católico nos hablanban sólo de moral sexual. Tenía quince años.

La Teología de la Liberación ¿mezcla errónea de fe y política?

Dentro del avión que te conducía hacia Brasil, una vez más condenaste la Teología de la Liberación como un falso milenarismo y una mezcla errónea entre fe y política. Estuve profundamente enojado y herido por tus palabras. Ya había leído y releído las dos instrucciones que el ex-cardenal Ratzinger había publicado sobre el tema. Describen un espantapájaros que no representa para nada mi vivencia y mis convicciones. No tuve necesidad de leer a Karl Marx para descubrir la opción por los pobres. La Teología de la Liberación, no es una doctrina ni una teoría; es una manera de vivir el Evangelio en la cercanía y en la solidaridad con las personas más excluídas, con los empobrecidos.

Condenar así de manera pública a los creyentes que consagraron su vida, es indecente. Somos decenas de millares de laicos y laicas, religiosas y religiosos, sacerdotes venidos de todos lados que hemos seguido el mismo camino. Ser discípulo de Jesús, es imitarlo, seguirlo, actuar como Él actuó. No entiendo el ensañamiento y el acoso hacia nosotros. Justo antes de tu viaje a Brasil, redujiste al silencio y suspendiste la enseñanza católica del padre Jon Sobrino, teólogo comprometido y abnegado, compañero de los Jesuitas mártires del Salvador y de Monseñor Romero. Este hombre de 70 años ha servido con valor y con humildad a la Iglesia de América Latina por su docencia. ¿Acaso es una herejía el presentar a Jesús como un hombre y aceptar las consecuencias?

Viví la dictadura de Pinochet en Chile en una Iglesia guiada valientemente por un pastor excepcional, el Cardenal Raúl Silva Henriquez. Bajo su gobierno, acompañamos un pueblo aterrorizado por los militares fascistas católicos que pretendían defender la civilización cristiana occidental torturando, secuestrando, desapareciendo y asesinando. Viví esos años en La Bandera, un barrio popular tocado particularmente por la represión. Sí, escondí personas; sí, les ayudé a huir del país; sí, les ayudé a salvar el pellejo; sí, participé en las huelgas de hambre. También consagré esos años a leer la biblia con la gente de los barrios populares: centenares de personas descubrieron la Palabra de Dios y eso les permitió enfrentar la opresión con fe y valor, convencidos de que Dios les acompañaba. Organicé sopas populares y talleres artesanales para permitir a los ex-prisioneros políticos encontrar su lugar en la sociedad. Recogí los cuerpos asesinados en la morgue y les dí una sepultura digna, de seres humanos. Promoví y defendí los derechos humanos poniendo en riesgo mi integridad física y mi vida. Sí, la gran mayoría de las víctimas de la dictadura eran marxistas y nos acercamos hacia ellos porque nos parecíamos. Y cantamos y esperamos juntos el fin de esta ignominia. Soñamos juntos la libertad.

¿Qué hubieras hecho en mi lugar? ¿Por cuál de estos pecados quieres condenarme, mi querido Benedicto? ¿Qué es lo que te enemista con esta práctica? ¿Acaso es lejana de lo que Jesús hubiera hecho en las mismas circunstancias? ¿Cómo piensas que me siento cada vez que escucho tus repetidas condenaciones? Estoy llegando como tú al final de mi servicio ministerial y esperaba ser tratado con un poquito más de respeto y cariño de la parte de un pastor. Pero tú me dices: “No has entendido nada del Evangelio. Todo eso es solamente marxismo. Eres un ingenuo” ¿No te parece que hay mucha arrogancia?

Vengo llegando de Chile donde vi a mis amigos de barrio desde hace 25 años; fueron 70 los que me recibieron en enero. Me acogieron de una manera tan fraterna que me decían: «Tú viviste con nosotros, como nosotros, nos acompañaste durante los peores años de nuestra historia. Fuiste solidario y nos amaste. ¡Esa es la razón por la cual te queremos tanto!» Y esos mismos trabajadores y trabajadoras me decían: «Nuestra Iglesia nos ha abandonado. Los sacerdotes regresaron a sus templos; ya no comparten con nosotros, ya no viven entre nosotros».

En Brasil es la misma realidad: durante 25 años han remplazado un episcopado comprometido con los campesinos sin tierra y con los pobres de las favelas de las grandes ciudades, por obispos conservadores que han combatido y rechazado las miles de comunidades de base donde la fe se vivía al ras de la vida concreta. Todo esto ha provocado un vacío inmenso que las Iglesias evangélicas y pentecostales han sabido llenar: ellas han permanecido en medio del pueblo. Y es por miles de centanares que los católicos pasan a esas comunidaes.

Querido Benedicto, te suplico cambiar tu mirada. No tienes la exclusividad del Soplo Divino; toda la comunidad eclesial está animada por el Espíritud de Jesús. Te lo pido, haz una remisión de tus condenaciones; serás juzgado pronto por el Único autorizado a clasificar a la derecha o a la izquierda, y tú sabes tan bien como yo que es sobre el amor que será nuestro juicio.

Fraternalmente,


Claude Lacaille, p.m.é
*

Trois-Rivières

16 de Mayo 2007

Traducción : Marcela Villalobos Cid



* El autor es sacerdote de la Sociedad de Misiones Extranjeras (Prêtres des Missions Étrangères, por sus siglas en francés), es biblista y en Québec continúa su trabajo pastoral en medios populares. Su fe y su compromiso social están marcados por su lucha por la juticia y contra la opresión

Sunday, May 27, 2007

Que había antes del antes ?

Este es un artículo del teólogo Leonardo Boff, que reproduzco aquí para que lo analicemos.


Gran parte de la comunidad científica considera como dato seguro que el universo y nosotros mismos venimos de una inconmensurable explosión -big bang- ocurrida hace cerca de 13.700 millones de años. Existe un último fósil de ese evento, verificado por la ciencia. En 1965 dos técnicos estadounidenses de la Bell Telephone Laboratories de New Jersey, Arno Penzias y Robert Wilson construyeron un aparato de microondas ultrasensible. Al probar el aparato, constataron que en él había un ruido que no podían limpiar. Venía uniformemente de todas las partes del universo, una onda bajísima de tres grados Kelvin.

¿Cuál era el origen de este ruido cósmico de fondo? Ellos y otros astrofísicos constataron que era el último eco de la gran explosión y el resto final que quedaba de la irradiación inicial. Tomando como referencia las galaxias más distantes que se alejan de nosotros a gran velocidad y cuya radiación roja nos está llegando ahora, concluyeron que tal hecho había ocurrido cerca de 13.700 millones de años atrás. Por este descubrimiento, Penzias y Wilson ganaron el premio Nóbel de física en 1978.

Es decir, nuestra edad no es la de nuestro nacimiento sino la del nacimiento del universo hace todos esos miles de millones de años, cuando estábamos potencialmente todos juntos allí con los demás seres del universo. Este dato sería, según algunos, el mayor descubrimiento realizado por la ciencia.

¿Qué había antes del big bang? Los cosmólogos sugieren que lo que había era el vacío cuántico, el estado de energía de fondo del universo, origen de todo lo que existe. Otros lo llaman abismo alimentador de todo ser. Condensación de él sería aquel puntito que primero se hinchó como un balón y después explotó dando origen tal vez, según la teoría de las cuerdas, a otros eventuales mundos paralelos. Pero el vacío cuántico, última realidad alcanzada por la microfísica, es todavía una realidad discernible. Es el antes. Pero ¿qué había antes de ese antes discernible?

En un programa de radio le preguntaron a Penzias qué había antes del big bang y del vacío cuántico. Él respondió: “No lo sabemos, pero razonablemente podemos decir que no había nada”. Inmediatamente llamó una oyente, irritada, acusando a Penzias de ateo. Él sabiamente respondió: “Señora, creo que usted no se ha dado cuenta de las implicaciones de lo que acabo de decir. Antes del big bang no había nada de lo que hoy existe. Si lo hubiera cabría preguntar: ¿de dónde vino?”. Sigue comentando que si había la nada y de repente empezaron a aparecer cosas era señal de que Alguien las había sacado de la nada, y concluye diciendo que su descubrimiento podrá llevar a la superación de la histórica enemistad entre ciencia y religión.

Lo que podemos decir honradamente es que antes del antes había lo Incognoscible, lo Impenetrable, el Misterio. Pues bien, los nombres que las religiones atribuyen a aquello que llaman Dios o Tao, Yavé, Olorum o cualquier otra Entidad, quieren expresar exactamente lo Incognoscible y el Misterio al que se refería Penzias. Por lo tanto “había Dios”. Él no creó el mundo en el tiempo y en el espacio sino con el tiempo y con el espacio.

¿Qué había antes del antes? Ahora podemos balbucear: había la «Realidad» fuera del espacio-tiempo, en el equilibrio absoluto de su movimiento, la Totalidad de simetría perfecta, la Energía infinita y el Amor desbordante. Ni siquiera deberíamos usar tales nombres, pues los nombres surgieron después, cuando ya todo había sido traído a la existencia. Verdaderamente deberíamos callar. Pero como somos seres hablantes, usamos palabras, aunque no dicen nada. Sólo son flechas que apuntan hacia un Misterio.

Friday, May 25, 2007

Un Pentecostés Vivificador

Los hebreos se hacían una idea muy bella y real del misterio de la vida. Así describe la creación del hombre un viejo relato del siglo 9 antes de Cristo: «El Señor Dios modeló al hombre del barro de la tierra. Luego, soplo en su nariz aliento de vida. Y así el hombre se convirtió en un viviente».

Es lo que dice la experiencia. El ser humano es barro. En cualquier momento se puede desmoronar. ¿Cómo caminar con pies de barro? ¿Cómo mirar la vida con ojos de barro? ¿Cómo amar con corazón de barro? Sin embargo, este barro ¡vive! En su interior hay un aliento que le hace vivir. Es el Aliento de Dios. Su Espíritu vivificador.

Al final de su evangelio, Juan ha descrito una escena grandiosa. Es el momento culminante de Jesús resucitado. Según su relato, el nacimiento de la Iglesia es una «nueva creación». Al enviar a sus discípulos, Jesús «sopla su aliento sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo».

Sin el Espíritu de Jesús, la Iglesia es barro sin vida: una comunidad incapaz de introducir esperanza, consuelo y vida en el mundo. Puede pronunciar palabras sublimes sin comunicar «algo» de Dios a los corazones. Puede hablar con seguridad y firmeza sin afianzar la fe de las personas. ¿De dónde va a sacar esperanza si no es del aliento de Jesús? ¿Cómo va a defenderse de la muerte sin el Espíritu del resucitado?

Sin el Espíritu creador de Jesús, podemos terminar sin que nadie en la Iglesia crea en algo diferente. Todo debe ser como ha sido. No está permitido soñar en grandes novedades. Lo más seguro es una religión estática y controlada, que cambie lo menos posible. Lo que hemos recibido de otros tiempos es también lo mejor para los nuestros. Nuestras generaciones han de celebrar su fe vacilante con el lenguaje y los ritos de hace muchos siglos. Los caminos están marcados. No hay que preguntarse por qué.

¿Cómo no gritar con fuerza: ¡Ven, Espíritu Santo! Ven a tu Iglesia. Ven a liberarnos del miedo, la mediocridad y la falta de fe en tu fuerza creadora. No hemos de mirar a otros. Hemos de abrir cada uno nuestro propio corazón. Así sea.

Saturday, May 12, 2007

Anoche me Soñé

Un poco de calor en la habitación, pero como quiera el sueño me venció y así tirado en la cama, a merced de los brazos y juegos de Morfeo di un recorrido por la Iglesia y me imaginé muchas cosas interesantes.

Imagínese que la Iglesia estuviese verdaderamente dispuesta a asumir el hecho de que ha sido enviada a dar la Buena Noticia a los pobres y sacara todas las consecuencias de su compromiso histórico de levantar a los caídos, servir a los pequeños, defender la Vida…

Imagínese si laicos y pastores pudiesen encontrarse para un diálogo fraterno, franco y abierto sobre los signos de los tiempos que demandan, tanto en la sociedad como en la Iglesia, el coraje del testimonio profético que denuncia, anuncia y arriesga nuevos caminos…

Imagínese si la Iglesia tratase todas sus cuestiones internas como trata las sociales y, para dar el primer paso, comenzase por cuestionar su propio ejercicio del poder, respetando las diferencias y el derecho a discrepar, sin excluir a nadie, para establecer un auténtico espíritu democrático y participativo…

Imagínese si la Iglesia hiciese el mismo itinerario de su Maestro y fuese corriendo al encuentro de la Humanidad toda, que está falta de afecto y de pan, para anunciarle la Buena Noticia de la dignidad y de la paz…

Imagínese si la Iglesia se empeñase de verdad en la demarcación de las tierras de los pueblos indígenas y en la "repatriación" del pueblo negro, para resarcirles todo lo que les fue robado en el pasado y les ha sido negado en el presente…

Imagínese si la Iglesia invirtiese en la formación más seria y comprometida de sus cuadros, teniendo en cuenta la realidad socioeconómica, la diversificación de las culturas, la influencia de las ciencias humanas en la historia del pensamiento y de la praxis, la hermenéutica bíblica, la sexualidad…

Imagínese si la Iglesia revisase toda su moral, pero, esta vez a partir del Evangelio y, de una vez por todas, barriese de sus compendios todas las aberraciones que escribió y proclamó respecto del sexo, para exaltar el cuerpo como fuente de placer, de vida y de alegría, y por tanto, como manifestación del Dios Creador…

Imagínese si la Iglesia fuese consecuente en sus declaraciones contra el machismo y, con lealtad, abriese para la mujer las mismas oportunidades, tanto en el plano de los ministerios cuanto en el de las decisiones…

Imagínese si la Iglesia dejase a las parejas mismas la libertad de encontrar el método que mejor les pareciese para la planificación familiar, y no los maldijese, reproduciendo hoy la torcida moral agustiniana…

Imagínese si la Iglesia tuviese la sensibilidad de acompañar la evolución de la humanidad, del mundo y de las culturas, y tratase con el mismo cariño de Madre a aquellas personas que deshicieron su unión conyugal pero que continúan su camino a la busca del amor y de la felicidad…

Imagínese si la Iglesia cuestionase la obligación inhumana y cruel del celibato, que, impuesta a los clérigos, se hizo obsoleta en la historia, y hoy sólo contribuye para la mentira y el desequilibrio humano y afectivo…

Imagínese si la Iglesia acogiese en un abrazo tierno y fraterno todos aquellos hermanos en el sacerdocio ministerial que, casados, hicieron más completo su ministerio al expresar con la vida en pareja lo que hay de más bello en la creación: mujer y hombre a imagen de Dios…

Imagínese si la Iglesia cambiase sus criterios para seleccionar sus cuadros de mando y sólo tuviese en su jerarquía gente capacitada, abierta, equilibrada, madura humana y afectivamente, capaz de entregar su propia vida por amor al Reino…

Cuando desperté me acordé que el arte de imaginar pone en marcha los sueños y permite vislumbrar la posibilidad de realizarlos en la práctica. Ojalá tengamos los corazones abiertos para transformar nuestra imaginación en una realidad que transforme el rostro arrugado y desfigurado de la Iglesia, para que presente una nueva cara y cumpla, con fidelidad y celo apostólico, su misión de servir a la construcción de un nuevo milenio libre de toda prisión y exclusión.

Thursday, May 10, 2007

Estamos Sembrando la Paz ?

Siguiendo la costumbre judía, los primeros cristianos se saludaban deseándose mutuamente la «paz». No era un saludo rutinario y convencional. Para ellos tenía un significado más profundo. En una carta que Pablo escribe hacia el año 61 a una comunidad cristiana de Asia Menor, les manifiesta su gran deseo: «Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones». Esta paz no hay que confundirla con cualquier cosa. No es una ausencia de conflictos y tensiones. Tampoco una sensación de bienestar o una búsqueda de tranquilidad interior. Según el evangelio de Juan, es el gran regalo de Jesús, la herencia que ha querido dejar para siempre en sus seguidores. Así dice Jesús: «Os dejo la paz, os doy mi paz».

Sin duda, recordaban lo que Jesús había pedido a sus discípulos al enviarlos a construir el reino de Dios: «En la casa en que entréis, decid primero: paz a esta casa». Para humanizar la vida, lo primero es sembrar paz, no violencia; promover respeto, diálogo y escucha mutua, no imposición, enfrentamiento y dogmatismo. ¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué se vuelve una y otra vez al enfrentamiento y la agresión mutua? Hay una respuesta primera, tan elemental y sencilla, que nadie la toma en serio: sólo los hombres y mujeres que poseen paz, pueden ponerla en la sociedad.

Cualquiera no puede sembrar paz. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a la gente, pero no es posible aportar verdadera paz a la convivencia. No se ayuda a acercar posturas y a crear un clima amistoso de entendimiento, mutua aceptación y diálogo.

No es difícil señalar algunos rasgos de la persona que lleva en su interior la paz de Cristo. Busca siempre el bien de todos, no excluye a nadie, respeta las diferencias, no alimenta la agresión, fomenta lo que une, nunca lo que nos enfrenta.

¿Qué estamos aportando hoy desde la Iglesia de Jesús? ¿Concordia o división? ¿Reconciliación o enfrentamiento? Y si los seguidores de Jesús no llevan paz en su corazón, ¿qué es lo que llevan? ¿Miedos, intereses, ambiciones, irresponsabilidad?

Monday, May 07, 2007

Los Andes no cree en Dios

Artículo sacado de Eclessalia que nos puede ayudar mucho en la reflexión sobre nuestra Praxis en la sociedad, así como el comportamiento que muchas veces tenemos frente a las realidades del mundo. Escrito por Miguel Esquirol Vives.

Ayer pude ver la última película boliviana de Antonio Egino, posee grandes virtudes, como por ejemplo la excelente ambientación de la época, en el año 1927 en un pueblo minero de Bolivia, pero también bastantes falencias, como los parlamentos muchos de ellos forzados y algo artificiales. Pero no voy a hacer una crítica cinematográfica, sino que voy a referirme al problema del fondo religioso que deja entrever el título de la película.

El título, aunque menos literario, podría ser también los Andes no creen en el Dios de la Iglesia católica, pues si hay un pueblo todavía hoy profundamente religioso, es el pueblo andino, creyente en el Dios de sus antepasados, que acoge a todos sus hijos sin exclusión y que seguro que es sencillamente el mismo, pero con diferente manifestación.

Dos personajes importantes de la película son el sacerdote con sus feligresas de la legión de santa Catalina y la prostituta con sus chicas chilenas. La acción sucede en el pueblo minero de Uyuni, en los años del auge de la minería. Al sacerdote lo que le interesa es la moral y las buenas costumbres, no hace nunca referencia en sus sermones al sufrimiento de los indios en los socavones de la mina, que escupen sangre para que los dueños de la empresa minera y los grandes industriales ingleses se beneficien de la riqueza que produce el mineral, sobre todo gracias a la guerra.

En ese afán moralizante se organiza una marcha liderizada por el sacerdote y la presidenta de la asociación católica para ir a expulsar a las prostitutas del pueblo. Antes ya el sacerdote la había expulsado de la Iglesia, a la que asistía regularmente, pero cubierta por un velo negro para no ser reconocida. La marcha termina con el incendio del prostíbulo y con una pedrada que da en la cabeza de la prostituta mayor, que da la cara en defensa de sus chicas, quedando excomulgada para siempre.

Esa es la imagen antigua que todavía lamentablemente da hoy, en muchas ocasiones, nuestra Iglesia católica jerárquica, obsesionada por la moral y por el dogma, pero no por la moral de los negocios, en los que ella también está involucrada, ni por la moral de la justicia social o distributiva, ni por la moral del respeto a la libertad de los hijos de Dios, ni por la moral de la acogida ni por la solidaridad con los pobres, sino por la moral sexual, obsesionada en temas como el control de la natalidad, el uso de los preservativos, la homosexualidad, las uniones entre gays, los sacramentos para los divorciados y en tantos otros.

La segunda obsesión es por la letra del dogma, como para otros es la letra de la Biblia, cuando las mismas escrituras dicen que la letra mata y el espíritu es el que da vida. Y esto es lo que está pasando con los excomulgados de hoy, importantes teólogos de la llamada teología de la liberación, comprometidos con los pobres y que intentando buscar en las escrituras luz para el mundo de hoy, la Iglesia jerárquica católica los incrimina a uno detrás de otro, privándolos de la docencia y censurando sus escritos.

La iglesia católica oficial sigue dando todavía muchas veces esa imagen de antaño que nos muestra la película boliviana, y es por eso, entre otras razones, por las que se está quedando con los acomodados, con los que no quieren ningún cambio para defender su estatus, con los integritas y fanáticos, con los que tienen una fe para el templo pero no para la vida o una fe sin reflexión y sin espíritu de búsqueda. Y con los que no nos vamos a pesar de todo esto, por que sentimos que es nuestra casa y tenemos todo el derecho de estar en ella, por más equivocados que estemos.

Ya perdió la Iglesia en el siglo XIX a la clase obrera por llegar tarde a la industrialización y a los intelectuales por condenar el modernismo, a los jóvenes en el siglo XX por mantener sus símbolos sin significación para ellos y con un lenguaje ininteligible para la juventud, a las mujeres en el XXI por estar al margen de su emancipación y sus conquistas y seguirá perdiendo, si sigue así, incluso a los pueblos religiosos de Latinoamérica que no entienden a la Iglesia católica romana, pero que sí creen en Dios.

En vísperas de la reunión de obispos latinoamericanos, que se realizará este año en Aparecida, Brasil, manipulada ya desde el Vaticano, se ha retirado de la enseñanza y condenado a tres de sus libros al jesuita Jon Sobrino, una de las figuras religiosas de hoy más lúcidas y más comprometidas con los pobres y con la teología en América Latina. Pidamos a los obispos de Latinoamérica y el Caribe que sean fieles al Dios encarnado en esa realidad nuestra, con menos miedos y con la liberta de los hijos e Dios para que podamos seguir creyendo en el Dios de la vida y de la esperanza.


Friday, February 23, 2007

Cuaresma es Tiempo para Exhibir Coherencia Cristiana en Vida Pública

Una elocuente exhortación a participar activamente en la vida social y pública “manteniendo la integridad de la fe y la coherencia de la vida cristiana” hizo el Obispo de Cádiz y Ceuta, Mons. Antonio Ceballos Atienza, con motivo del inicio de la Cuaresma.

“Los tiempos recios que estamos viviendo necesitan de un claro discernimiento. Deseamos favorecer la comunión eclesial en estos momentos de tanta complejidad y anunciar a los católicos a participar activamente en la vida social y pública manteniendo la integridad de la fe y la coherencia de la vida cristiana”, indicó Monseñor.

Al profundizar en esta “dimensión solidaria de nuestra vuelta a Dios”, el Obispo constata que “la quiebra fundamental del hombre contemporáneo es, sin duda, el distanciamiento de su Creador”. La razón profunda de las desorientaciones y esclavitudes que hoy sufre la humanidad, es que “Dios está desapareciendo del horizonte vital de muchas personas y está dejando de ser el punto de referencia para interpretar el verdadero sentido del mundo y de la vida humana”.

Esta “pérdida del sentido de Dios llega a convertirse en una mentalidad social que influye sobre la generalidad de las personas en una especie de valor admitido y compartido por la mayoría. De este modo, se crea un clima social que ha sido descrito como ‘una existencia como si no hubiera Dios’”. Este parece ser el criterio social dominante y la matriz de la cultura actual.

Sin embargo, hay que reconocer “la gran hambre de Dios que está despertando el corazón de muchos hombres y mujeres e incluso, en sociedades que hasta ahora habían estado dormidas por el ateísmo”.

Por esto, Mons. Ceballos, invita en esta Cuaresma a que todos hagan un “examen de conciencia” e intensifiquen la oración personal y comunitaria, “para replantear toda vuestra vida desde vuestra condición de personas amadas por Dios y llamadas a compartir su felicidad”.

Monseñor resaltó que el “itinerario cuaresmal en un auténtico camino de libertad”. Pero que ésta no consiste en su exaltación como norma suprema del bien y del mal y el olvido de Dios, el menosprecio de la religión y la consideración idolátrica de los bienes del mundo. Tampoco se trata de “una libertad sin norte, puesto que carece de una referencia consistente que le permita discernir objetivamente el bien y el mal”.

Ante todo esto, el Obispo aclaró que “el hombre sólo es verdaderamente libre cuando acoge la verdad y sirve desde ella. Porque se le ha concedido la libertad precisamente para elegir lo que es bueno para sí mismo y para los demás, para optar por lo que es justo y verdadero, por lo que agrada a Dios”.